No soy quien llevarás a casa el día de hoy

No soy quien llevarás a casa el día de hoy

Suelo traicionarme a veces;
sobre todo en los desiertos
donde los pecados cuelgan
como enredaderas.

Los tomo uno a uno entre mis dedos,
me los meto a lo más profundo de la boca:
saboreo su redondez entera
que va encendiendo piel
mientras da vueltas.

Cuando muerdo brota el jugo
que me ha dado vida
hasta este punto.
Entonces yo soy otro:
dentro de mí surge ese bosque
que por sí solo
atrae la niebla.
Junto a él vienen los sonidos:
el murciélago y el búho,
el silencio y el aullido.

Como hombre lobo
veo tu cuerpo
y me transformo
en la noche
que salpicará
tu cuerpo con estrellas.

Como yo,
esperas el momento.
Ser paciente se ha vuelto
más una virtud
que un impedimento.

A tu paso brillan ojos
y vuelan los mosquitos
que saben detectar sangre caliente.
Los esquivas,
los ahuyentas,
pero se agazapan
como remolinos
pisándote la sombra.

Al amanecer siempre hay varias opciones
que ponerte.
Cuando anochece sabes que es el negro
el único color
que te hará lucir tan bien
como tú quieres.

Recuerda que eres tú
la que decides
con qué príncipe
querrás ver la luz del sol.
Hipócrita:
sé que a pesar de aquellos besos
no soy quien llevarás a casa el día de hoy.

18/10/2015

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*